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Dirección Noche de Cristina Grande

DIEGO MARÍN ESCRIBE SOBRE DIRECCIÓN NOCHE

EL ESCRITOR Y EDITOR RIOJANO DIEGO MARÍN ESCRIBE SOBRE DIRECCIÓN NOCHE:

http://blogs.larioja.com/ciudaddelhombre 

Miércoles, 14/06/2006

La 'Dirección noche' de Cristina Grande

Con precisión matemática, así es como parecen escritos los relatos de Cristina Grande. Si en su primer libro La novia parapente (reeditado tres veces) ya sorprendía su narración ágil, desinhibida y sin complejos, que enganchaba la lectura y llevaba al lector de la mano por unos caminos algo desencantados pero extraordinariamente bien escritos, como eran sus propios relatos, en Dirección noche (que acaba de ver su segunda edición) encontramos, de nuevo, una prosa eficaz y significativa. Los textos de Grande hablan de amor, pero desde un punto de vista algo nihilista, o realista. La tragedia cotidiana de una discusión o una ruptura sentimental son en su obra ráfagas de aire que se van tan pronto como han venido. Dirección noche contiene más de una veintena de narraciones sobre emociones e historias esporádicas que nos hablan de amores fugaces, viajes, ropa, casualidades y anécdotas encantadoras, frecuentemente en soliloquios y narraciones en primera persona con referencias cinematográficas y musicales que nos acercan más aún a la autora. Es más, este libro, como el resto de la obra de Cristina Grande, podría pasar como una narrativa autobiográfica si no fuera, por ejemplo, porque en su relato Logroño -aunque oscense, Grande es de raíces jarreras, además de filóloga y fotógrafa-, que cuenta la peripecia para llegar a una conferencia sobre Literatura y Guerra Civil de Martínez de Pisón en la Facultad de Magisterio de la Universidad de La Rioja, equivoca el lugar, pues aquella charla tuvo lugar en el Centro Cultural Ibercaja. Y es que la aburrida vida actual se torna en aventura, en tragicomedia televisiva en las palabras de ficción de Cristina Grande, que afina la escritura hasta tal punto que no le sobra ni una sola coma al libro. En Dirección noche, los relatos, breves, algunos brevísimos, cuentan historias profundas que saben a poco. Picaresca y humor también se conjugan en este libro con un encanto propio del autoanálisis, de saber escoger los defectos humanos y convertirlos en divertidas virtudes. Hay miles de historias diarias dignas de libros y Cristina Grande los recoge en los suyos narrándolos magníficamente.

 

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