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Dirección Noche de Cristina Grande

LOLA SANTIAGO ESCRIBE EN ABC SOBRE DIRECCIÓN NOCHE

MIÉRCOLES 15/03/06

    DIRECCIÓN NOCHE

    Este es el título del segundo y último, por ahora, de los dos magníficos libros de relatos que nos llega de Cristina Grande. Viene a confirmarnos que no en vano tuvo éxito el primero, que como promesa se afianzaba para alzarse muy alto en el panorama de las jóvenes escritoras cuya voz es ya una realidad. Y así como quien no quiere la cosa entre contradicción va y pegada viene, habla, dialoga, hasta dejarnos en los labios un regusto a verdades de las grandes con una sabiduría innegable.

    Y no precisa de mucho para construir su universo narrativo. Una cara, dos o menos, con relatos geniales en los que parece no ofrecer nada aparentemente, claro, sólo aparentemente, incluso deja la acción suspensa en el aire en alguno que otro y no necesitas saber nada más, está acabado, sin estarlo, en su final abierto; todo eso es la gran maestría de la autora, con un universo propio por donde se pasea fundamentalmente ella como en deshabillé, tocándolo todo con la varita mágica de su palabra y a su contacto una nueva realidad se nos ilumina, sea madre, novios, amigas, incluso toma otra dimensión más fresca o más voraz, con la tensión del sexo de por medio. Y los viajes --se viaja mucho en este libro-- y el gusto por las cosas sencillas y buenas de la vida, un buen vino en la comida, por ejemplo. O como nos hace llegar antes de que suceda, se sabe, que será la última vez que los novios se vean, ante la aguda percepción de ella. Y se completa el viaje en el cacharro ese en el que no montará nunca.

    Libro tierno y desenfadado, nostálgico y divertido, con ciertas gotas, las justas, de cianuro para salvarlo de sí mismo, si es que hay que salvarlo de alguien, que a mí me parece que no, pero así su dosis de erotismo es más nocturna, más redonda, más perversa en definitiva. Todo él está escrito con un sugerente lenguaje directo en permanente estado de gracia, sin que haya retórica o frases de más ni falta que le hace. Y con su palabra, desnuda unas veces, metafórica otras, nos da estas veinticuatro narraciones en las que no importa ya ni la acción en sí, de vez en cuando leer el nombre de la misma a toda velocidad para no perdernos o a la que nos marque Cristina Grande, en uno de sus viajes a la palabra, al relato, en la dirección que ella quiera. Yo me dejo estar y cierro los ojos para guiarme sólo por su voz en dirección noche, precioso título lleno de sugerencias al camino y a lo que éste tiene de sorpresa y, por supuesto, de viaje.

    LOLA SANTIAGO
 

 

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